Por Redacción O’Neill Clan
Los habitantes de Cork tienen fama de ser los más orgullosos de Irlanda. Llaman a su ciudad, medio en broma y medio en serio, «la verdadera capital», y al condado, «el condado rebelde» (The Rebel County), un apodo ganado a lo largo de siglos de resistencia frente al poder establecido. Es el condado más extenso de la isla, y recorrerlo es asomarse a casi todas las caras de Irlanda: ciudad, puerto, campo y Atlántico.
La ciudad de Cork: una isla entre dos brazos del Lee
El centro histórico de Cork se levanta sobre una isla formada por dos brazos del río Lee, lo que le da un aire de ciudad de puentes y muelles. Imprescindible es el English Market, un mercado cubierto con más de dos siglos de historia donde se puede probar lo mejor de la despensa local. A pocos pasos están la catedral neogótica de Saint Fin Barre, con sus agujas afiladas, y el barrio de Shandon, cuyo campanario permite a los visitantes tocar las campanas.
Cork es también una ciudad universitaria y cultural, con festivales de jazz y cine de prestigio internacional, pubs con música en directo y una escena gastronómica que no deja de crecer.
Cobh: el último puerto del Titanic
A media hora de la ciudad, en una isla de la gran bahía de Cork, se encuentra Cobh, un pueblo de casas de colores escalonadas en la ladera y dominado por la catedral de San Colmán. Durante el siglo XIX y comienzos del XX, de este puerto partieron millones de irlandeses rumbo a América. En 1912 fue la última escala del Titanic antes de su trágico viaje, una historia que hoy se narra en el museo Titanic Experience y en el centro patrimonial de la antigua estación.
Kinsale: historia compartida con España
Al sur de la ciudad, Kinsale es probablemente el pueblo más pintoresco del condado: calles estrechas, fachadas de colores, galerías de arte y un puerto lleno de veleros. Es además conocida como capital gastronómica de Irlanda. Para los lectores de esta web tiene un significado especial: aquí desembarcaron en 1601 los soldados españoles de Juan del Águila para apoyar a Hugh O’Neill. El cercano Charles Fort, una gran fortaleza en forma de estrella, ofrece unas vistas magníficas de la bahía.
Blarney y la piedra de la elocuencia
A pocos kilómetros al noroeste de la capital está el castillo de Blarney, una de las visitas más populares de Irlanda. Según la tradición, quien besa la famosa piedra situada en lo alto de las almenas recibe el don de la elocuencia. Para hacerlo hay que tumbarse boca arriba y asomarse al vacío, sujeto por un guía. Los jardines del castillo, con su «jardín venenoso», merecen tanto la visita como la propia piedra.
West Cork: la Irlanda más salvaje
Hacia el oeste, el condado se fragmenta en penínsulas, bahías e islas. Pueblos como Clonakilty, Skibbereen o Baltimore conservan el ritmo tranquilo de la Irlanda rural. El Mizen Head, el punto más meridional de la isla, ofrece acantilados espectaculares y un puente colgante sobre el océano, mientras que la península de Beara, compartida con Kerry, es una de las rutas más bellas y menos masificadas del país. Toda esta costa forma parte de la Wild Atlantic Way.
Consejos para la visita
- Cómo llegar: el aeropuerto de Cork tiene conexiones con varias ciudades europeas, y desde Dublín se llega en tren en unas dos horas y media.
- Cuánto tiempo: lo ideal son al menos tres o cuatro días para combinar la ciudad, Cobh, Kinsale y una parte de West Cork.
- Qué probar: marisco y pescado fresco en Kinsale, quesos artesanos de la zona y el tradicional drisheen en el English Market para los más atrevidos.
Cork no es un condado para ver deprisa. Es un lugar para quedarse, conversar en un pub y dejarse contagiar de ese orgullo rebelde que lo hace tan diferente.
Preguntas frecuentes
¿Qué ver en Cork en tres días?
La ciudad de Cork y el English Market, Cobh, Kinsale con Charles Fort y el castillo de Blarney.
¿Por qué Kinsale está ligada a los O'Neill?
En 1601 desembarcaron allí los soldados españoles enviados para apoyar a Hugh O'Neill.