El Halloween irlandés no se entiende solo en los grandes festivales. Su verdadera memoria vive en las cocinas y en los juegos familiares que se repiten cada 31 de octubre desde hace generaciones. Mientras esta semana la campaña «Ireland, Home of Halloween» llenaba Derry, Meath y Dublín de espectáculos, millones de hogares irlandeses volvían a hacer lo de siempre: preparar la cena de la noche, esconder un anillo en el pan y recortar caras en una hortaliza.
El nabo antes que la calabaza
La imagen más extendida de Halloween, la calabaza con una vela dentro, es una adaptación norteamericana. En Irlanda, la linterna tradicional se hacía con un nabo o una remolacha grande, que se vaciaba con paciencia y se tallaba con un rostro. Su origen está ligado a la leyenda de Jack el Tacaño, un granjero que engañó al diablo y que, al morir, quedó condenado a vagar con un carbón encendido dentro de un nabo. De «Jack of the Lantern» procede el nombre inglés jack-o’-lantern. Los emigrantes irlandeses y escoceses llevaron la costumbre a Estados Unidos, donde la calabaza, más grande y fácil de tallar, acabó desplazando al nabo.
La cena de Samhain: colcannon y barmbrack
La noche de Halloween se cena, desde hace siglos, colcannon: un puré de patata mezclado con col rizada o repollo, cebolleta y mantequilla. Es un plato humilde y reconfortante, pero lleva un juego añadido. Tradicionalmente se escondían en el puré objetos pequeños, como un anillo, una moneda o un botón, y cada uno anticipaba el destino de quien lo encontraba: el anillo, boda; la moneda, riqueza; el botón, soltería.
El postre, o la merienda, es el barmbrack, un pan dulce de levadura con pasas y sultanas que se acompaña con té y mantequilla. También lleva anillo oculto, y quien lo halla en su rebanada se casará, según la creencia, dentro del año. Hoy muchas panaderías irlandesas lo venden en octubre, en ocasiones con un anillo de juguete en la bolsa.
Juegos con fuego, frutos secos y manzanas
La noche de Samhain se conservó también en una colección de juegos. En el snap-apple se cuelga una manzana de un hilo y los participantes intentan morderla sin usar las manos. En el bobbing for apples se muerde una manzana flotando en una palangana. También se tostaban avellanas o nueces junto al fuego para adivinar relaciones: dos frutos puestos juntos que ardían en calma auguraban buena pareja, y los que saltaban, una relación difícil. Eran juegos pensados para anticipar el futuro, algo muy propio de una noche en que se creía que el velo entre mundos era más fino.
Disfraces, fuegos y «trick or treat»
La costumbre de disfrazarse tiene raíces en el guising, el hábito de salir de casa enmascarado para pasar inadvertido a los espíritus, y de pedir comida o dulces a cambio de canciones o versos. Esa práctica se transformó, con la influencia estadounidense, en el actual «trick or treat». En muchos pueblos de Irlanda siguen además las hogueras de la noche del 31, y los fuegos artificiales son habituales en las principales ciudades.
De la tradición doméstica al turismo cultural
Estas costumbres han dejado de ser solo asunto familiar. La campaña «Ireland, Home of Halloween», que cada año coordina Fáilte Ireland, apuesta por mostrar al viajero esa Irlanda doméstica. La edición de 2025 sumó más de 830 eventos, superó los 322.000 visitantes y generó un impacto económico estimado de más de 43 millones de euros. Entre las novedades de este año, regiones como Limerick, Fingal o Westmeath han incorporado banquetes de Samhain, talleres de cocina inspirados en la tradición y rutas patrimoniales, para que el visitante también pruebe lo que se come en una casa irlandesa durante esa noche.
Una receta para los O’Neill de la diáspora
Para quienes llevamos el apellido O’Neill lejos de Irlanda, la comida es una forma muy directa de mantener el vínculo: una olla de colcannon, un barmbrack recién horneado y un nabo tallado sobre la mesa recuerdan, mejor que cualquier árbol genealógico, que Samhain sigue vivo en nuestras casas. Probablemente sea esa, y no la gran fiesta de la calle, la tradición más difícil de perder.