Por Redacción O’Neill Clan
A pocos kilómetros de Cookstown, en el condado de Tyrone, una colina coronada por un anillo de árboles domina los campos verdes del centro del Ulster. Quien llega sin saber nada encuentra un recinto circular de tierra y una vista espléndida. Quien conoce la historia sabe que está pisando el lugar más sagrado de la dinastía O’Neill: Tullaghoge, en irlandés Tulach Óg, «la colina de los jóvenes guerreros».
Un trono al aire libre
Desde al menos el siglo XI, y hasta finales del XVI, Tullaghoge fue el escenario de la ceremonia de investidura de los reyes de Tír Eoghain. No había catedral ni palacio: el nuevo O’Neill era proclamado al aire libre, sentado sobre una silla de piedra que se alzaba en la cima, ante los señores de los clanes vasallos reunidos para la ocasión.
El ritual combinaba elementos precristianos y cristianos. Se calzaba al elegido una sandalia o zapato, gesto que simbolizaba que debía seguir los pasos de sus antepasados y gobernar con justicia; se pronunciaba su nombre, ya convertido en título —simplemente «Ó Néill»—, y los presentes le rendían homenaje.
Los O’Hagan, guardianes de la colina
La custodia del lugar correspondía a los O’Hagan (Ó hÁgáin), una familia de jueces y administradores hereditarios que residían en el propio recinto fortificado. Ellos eran los encargados de colocar el calzado al nuevo rey, mientras los O’Cahan, otro de los grandes clanes aliados, lanzaban simbólicamente un zapato sobre su cabeza como señal de aceptación. Esta división de funciones muestra hasta qué punto el poder O’Neill descansaba sobre una red de alianzas entre linajes.
La última coronación
El último O’Neill proclamado en Tullaghoge fue Hugh O’Neill, segundo conde de Tyrone, en 1595. El gesto tuvo un enorme peso político: Hugh había sido educado en la corte inglesa y ostentaba un título concedido por la Corona, pero al aceptar el antiguo rango gaélico dejaba claro que se situaba a la cabeza del mundo irlandés tradicional. Aquella ceremonia fue, en la práctica, el preludio de la Guerra de los Nueve Años.
La silla destruida por Mountjoy
En 1602, en plena ofensiva final contra Hugh O’Neill, el lord diputado inglés Charles Blount, barón de Mountjoy, llegó a Tullaghoge y ordenó destrozar la silla de coronación. El objetivo era tanto militar como simbólico: borrar del paisaje el trono de la realeza gaélica. Los fragmentos se perdieron, aunque algunos grabados y descripciones antiguas permiten hacerse una idea de su forma.
Cómo es la visita hoy
El enclave, conocido como Tullaghoge Fort, es un monumento histórico protegido gestionado por los servicios patrimoniales de Irlanda del Norte. Un sendero asciende desde el aparcamiento hasta la cima, donde paneles explicativos narran las ceremonias y una escultura evoca la desaparecida silla. Lo mejor llega al final: desde lo alto se contempla buena parte del antiguo reino de Tír Eoghain, el mismo horizonte que veían los reyes al ser proclamados.
- Ubicación: a unos 4 km al sureste de Cookstown, condado de Tyrone.
- Acceso: libre; conviene llevar calzado cómodo porque el último tramo es en pendiente.
- Para completar la ruta: Dungannon, antigua sede del poder O’Neill, y la orilla occidental del lago Neagh.
Un lugar para la memoria del clan
Para cualquier persona que lleve el apellido O’Neill, subir a Tullaghoge es un pequeño peregrinaje. No hay ruinas espectaculares ni grandes muros, pero sí algo más difícil de encontrar: la sensación de estar exactamente en el punto donde, generación tras generación, la historia del clan se renovaba.
Preguntas frecuentes
¿Dónde está Tullaghoge?
En el condado de Tyrone, Irlanda del Norte, a unos 4 km al sureste de Cookstown.
¿Quién fue el último O'Neill coronado allí?
Hugh O'Neill, conde de Tyrone, en 1595.