Por Redacción O’Neill Clan
Hay fechas que dividen la historia de un país en un antes y un después. Para Irlanda, una de ellas es el 14 de septiembre de 1607. Aquel día, un barco zarpó del pequeño puerto de Rathmullan, a orillas del Lough Swilly, en Donegal, con Hugh O’Neill, conde de Tyrone, Rory O’Donnell, conde de Tyrconnell, y alrededor de un centenar de familiares y seguidores. Los irlandeses lo llaman Imeacht na nIarlaí; en inglés, Flight of the Earls. En español, la Huida de los Condes.
Una paz que asfixiaba
Tras la derrota de Kinsale y la rendición de Mellifont en 1603, Hugh O’Neill había conservado su título y buena parte de sus tierras. Sin embargo, los años siguientes fueron una lenta asfixia. Los funcionarios ingleses reducían su autoridad, los antiguos vasallos eran animados a pleitear contra él, se presionaba a los católicos y crecían los rumores de que iba a ser detenido y llevado a Londres. Para un hombre que había sido rey de su pueblo, la situación era insostenible.
Una partida precipitada
La salida se preparó con discreción. Un barco fletado en Flandes llegó a Lough Swilly y los nobles se reunieron a toda prisa. Hugh O’Neill viajó con su esposa Catalina, varios hijos y parientes; Rory O’Donnell, con su hermano Cathbharr y su familia; también se sumó Cú Chonnacht Maguire, señor de Fermanagh. La prisa fue tal que algunos niños quedaron atrás y muchos bienes se perdieron.
La intención era llegar a España, pero los vientos y las tormentas empujaron el barco hacia el norte de Francia. Desde allí el grupo pasó a los Países Bajos españoles, donde fue recibido con honores, y finalmente continuó hasta Roma, donde se instaló bajo la protección del papa Pablo V y con pensiones de la Corona española.
Exilio en Roma
El exilio fue amargo. En poco tiempo murieron de fiebres Rory O’Donnell, su hermano y otros miembros del grupo. Hugh O’Neill vivió nueve años más en Roma, escribiendo cartas e intentando convencer a Felipe III de organizar una nueva expedición a Irlanda. Nunca llegó. Murió en 1616 y descansa en San Pietro in Montorio, junto a otros exiliados irlandeses.
La Plantación del Ulster
La marcha de los condes tuvo consecuencias enormes en Irlanda. La Corona declaró que habían cometido traición y confiscó sus tierras: buena parte de los condados de Tyrone, Donegal, Armagh, Fermanagh, Cavan y Coleraine (el actual Derry). Sobre ellas se organizó, a partir de 1609, la Plantación del Ulster, el asentamiento masivo de colonos escoceses e ingleses que transformó para siempre el mapa humano, religioso y político del norte de Irlanda.
Muchos historiadores consideran que la Huida de los Condes marcó el final del orden gaélico tradicional, basado en clanes, jueces hereditarios, poetas y ceremonias como la de Tullaghoge.
Del exilio a la diáspora
Para los O’Neill, 1607 fue también el inicio de una nueva etapa fuera de Irlanda. Los hijos y sobrinos de Hugh sirvieron en los ejércitos de España y sus descendientes se repartieron por Flandes, la península ibérica, Portugal y más tarde América. Buena parte de los O’Neill que hoy viven en el mundo hispano tienen su origen remoto en aquel barco que zarpó de Donegal.
Rathmullan hoy
Rathmullan es un tranquilo pueblo costero de Donegal, con una amplia playa sobre el Lough Swilly. Junto al muelle se levanta un monumento que recuerda la partida de los condes, y cada visitante puede contemplar el mismo horizonte que vieron por última vez Hugh O’Neill y sus compañeros. Muy cerca se encuentran las ruinas de un priorato carmelita y, en la península de Inishowen y Fanad, algunos de los paisajes más salvajes de Irlanda.
Preguntas frecuentes
¿Qué fue la Huida de los Condes?
La partida al exilio, el 14 de septiembre de 1607, de Hugh O'Neill, Rory O'Donnell y un centenar de nobles del Ulster desde Rathmullan.
¿Qué consecuencias tuvo?
La confiscación de sus tierras y la Plantación del Ulster con colonos escoceses e ingleses a partir de 1609.