Hay festivales que nacen de un plan estratégico y otros que empiezan como una broma entre amigos. Derry Halloween pertenece a la segunda categoría: en 1986 fue una fiesta de disfraces en un pub de la ciudad. Cuarenta años después, esa ocurrencia se ha convertido en uno de los mayores eventos de Halloween de la isla, con una programación de cinco días que ha llenado de luz, desfiles y música el recinto amurallado de la ciudad del noroeste de Ulster. Los organizadores calculan que reúne a más de 100.000 personas.
Cinco días en torno a la ciudad amurallada
La edición del 40 aniversario se desarrolló entre el miércoles 28 de octubre y el domingo 1 de noviembre. El eje fue «Awakening the Walled City», un recorrido nocturno iluminado que se podía hacer del 28 al 30 de octubre, de seis a nueve de la tarde, por espacios como la plaza del Guildhall, la calle Shipquay, el Diamond y la zona de la catedral. La mayor parte del itinerario era gratuita, con entradas sin coste para el tramo sobre las murallas, y cada día se liberaban 2.500 nuevas a mediodía para evitar aglomeraciones.
A esa ruta se sumaron el escenario «Samhain Sounds», puntos de encuentro llamados «Heart of Samhain», y la instalación Gaia, del artista Luke Jerram, una gran esfera con la imagen de la Tierra que se instaló en el Guildhall. Para el público adulto, el programa estrenó «After Dark», una serie de actividades de pago por la noche en espacios como el Tower Museum, el Guildhall o el centro de arte CCA, además de una propuesta de arte contemporáneo, «After Hours», del 28 al 31 de octubre.
El desfile del 31 y los fuegos sobre el Foyle
La noche grande fue la del sábado 31 de octubre. A partir de las siete de la tarde salió el desfile de carnaval, con cientos de artistas disfrazados, bailarines y enormes marionetas recorriendo las calles del centro. Hacia las 20:15 se lanzaron los fuegos artificiales sobre el río Foyle, que pudieron seguirse desde el puente de la Paz, los muelles y el barrio de Waterside. El desfile es gratuito y la pirotecnia depende, como en todo evento al aire libre en Irlanda, de que el tiempo lo permita.
La oferta familiar fue igual de amplia: sesiones adaptadas a menores con necesidades sensoriales en el Guildhall, una zona de juegos en Waterloo Place durante todo el festival, un paseo luminoso para los más pequeños el día 30 y una carrera familiar el día 31.
Una ciudad que quiere dejar huella
El aniversario llegó acompañado de dos novedades pensadas para permanecer más allá de la fiesta: una exposición permanente, Derry Samhain Experience, y un mural dedicado al festival. La idea es que la ciudad conserve todo el año una parte de lo que la hace conocida en octubre. Para un destino que durante décadas apareció en las noticias por motivos muy distintos, el éxito de Halloween es también una forma de contar otra historia: la de una ciudad creativa, acogedora y capaz de llenar sus calles de familias de toda la isla.
Derry y el mapa de los O’Neill
Derry está en Ulster, la provincia que fue durante siglos el corazón del poder del clan O’Neill. A pocos kilómetros, en el condado de Tyrone, se sitúa la antigua Tír Eoghain, el territorio que los O’Neill gobernaron desde Dungannon y donde se entronizaba a sus jefes en la colina de Tullyhogue. Visitar Derry en Halloween permite combinar el espectáculo con una escapada por la historia gaélica del norte: las murallas del siglo XVII, el museo Tower, la cercana península de Inishowen y los caminos que conducen hacia las tierras de los antiguos señores de Ulster.
Cómo planificar la próxima edición
Si el próximo año quieres asistir, conviene reservar con muchos meses de antelación, porque el alojamiento cerca de las murallas, el Guildhall y el puente de la Paz se agota pronto. El tiempo de finales de octubre es fresco, húmedo y cambiante, de modo que ropa de abrigo y chubasquero son imprescindibles. Y como el programa de pago y el de gratuito conviven, lo ideal es combinar un par de entradas con el paseo libre por las calles, que es donde se respira el verdadero ambiente del festival.
Cuarenta años después, Derry demuestra que una buena idea, sostenida por una comunidad entera, puede crecer hasta convertirse en seña de identidad de una ciudad.