Descubre el condado de Clare: los Acantilados de Moher, el paisaje lunar del Burren, Bunratty Castle y la música tradicional de Doolin.
En la costa oeste de Irlanda, donde el Atlántico golpea sin descanso contra la piedra caliza, se extiende el condado de Clare, uno de los paisajes más sobrecogedores de toda la isla. Su imagen más icónica son los Acantilados de Moher, un muro natural de más de 200 metros de altura que se prolonga durante ocho kilómetros de costa, refugio de miles de aves marinas y mirador privilegiado hacia las islas Aran.
Tierra adentro, el condado guarda un paisaje único en Europa: el Burren, una vasta extensión de roca calcárea agrietada que parece un desierto lunar y que, sin embargo, alberga una de las floras más singulares del continente, con especies árticas y mediterráneas creciendo codo con codo entre las grietas de piedra. Entre sus formaciones se esconde el dolmen de Poulnabrone, una tumba de cámara neolítica de más de 5.000 años de antigüedad que se ha convertido en símbolo del condado.
Clare también conserva uno de los castillos medievales mejor restaurados de Irlanda: Bunratty Castle, cuyo parque folclórico recrea la vida rural irlandesa del siglo XIX y ofrece banquetes medievales que trasladan al visitante varios siglos atrás. La villa de Doolin, considerada capital espiritual de la música tradicional irlandesa, sirve además como puerta de embarque hacia las islas Aran, donde el gaélico sigue siendo lengua viva.
Para los amantes del surf y la costa salvaje, Lahinch ofrece algunas de las mejores olas de Europa, mientras que Ennis, la capital del condado, conserva un trazado medieval de calles estrechas, música en directo cada noche y la memoria del gran movimiento independentista irlandés del siglo XX. Clare es, en definitiva, la Irlanda que aparece en las postales: piedra, océano y una banda sonora de violines que no se apaga jamás.